Cuando uno se vuelve padre empieza a tomar conciencia de la gran responsabilidad que implica el educar a un hijo no sólo para que sea una buena persona, exitosa personal y profesionalmente, sino también para que sepa tomar las decisiones adecuadas en su vida y no se ponga en riesgo de manera innecesaria. Y es que uno se pone a analizar algunas de las cosas que le han pasado y puede llegar a la conclusión, al menos en mi caso, que realmente es suerte en hecho que ahora esté con vida y libre de problemas graves.
Ayer estaba en esa nota y se me ocurrió armar una relación de aquellas situaciones que pudieron haber terminado mal, sólo las que recordaba en ese momento. Y la verdad es que, para ser una persona tranquila, medianamente responsable y sin problemas serios como drogas y malas amistades, la lista me dejó reflexionando.
De lo que tenía fresco en la memoria, recordé:
- Al menos tres oportunidades en las que he manejado el auto de regreso a casa y no lo recuerdo
- Estar de copiloto mientras mi amigo manejaba su auto turbo a máxima velocidad por las calles de Lima, luego de haber visto a su enamorada con otra persona y subir al auto molesto y con tragos. Recuerdo su frase: ¿Quieres ver cómo se hace derrapar un 4x4?
- Ir a una fiesta en casa de un amigo y despertar en un auto en Naplo
- Luego de una fiestaen Chincha, ser despertado por un grifero que tocaba la luna del auto porque estábamos bloqueando la entrada al grifo. Segundos despues de moverlo, un Honda Civic manejado por un tipo con muchos tragos se estrelló contra la bomba del grifo justo donde habíamos estado.
- Otra fiesta en una hacienda de Chincha, donde descubrimos que el conductor designado de la noche estaba desmayado en el suelo. Así que decidimos seguir a otro auto en la salida para más seguridad… excepto que ese otro auto también tenía un chofer en mal estado y se desbarrancó mientras lo seguíamos. Coincidencias de la vida, muchos años después conocí a esa persona.
- Un campamento en Paracas en el que sufrimos de un accidente en moto, dos casos de hipotermia, una cocina en llamas junto a los depósitos de gasolina y una fogata explosiva.
- Una fiesta en Ancón un poco accidentada, donde los borrachos de turno concluyeron que a falta de Icy-Hot era lo mismo una combinación de agua hirviendo y agua helada.
- Un año nuevo en Ancón donde nuestro anfitrión decidió que quería ir un ratito a Las Palmas y desapareció.
- Un año nuevo en Chepeconde donde pusimos la música que escuchaba toda la playa, bailamos sobre la tolva de una pick-up como si fuera zona VIP y usamos la cabina como bar… al final de la cual los autos terminaron perfectamente estacionados junto a la carpa donde dormíamos y nadie sabe cómo.
- Ser invitado semi-colado a una fiesta un poco malandrina en la que unos chicos decidieron golpear al otro chico colado porque pensaban que se había robado algo… que al final apareció… y el pobre chico terminó en la clínica.
- Y hablando de colados… colarme a un Convivio en el Liceo Naval trepando la pared del grifo… y colarme al Jockey Club por la pared de la cancha de tenis (con una pelota en la mano para hacer la finta que la estaba recogiendo).
- Manejar por la Panamericana Sur en el Volvo de la mamá de un amigo ya que su auto estaba en el taller. Para lo cual mudamos el equipo de sonido a este auto y teníamos cables conectados a la mala con un auto que pierde frenos y dirección si el motor se apaga. Mientras tanto, abríamos la puerta en plena autopista, sin bajar la velocidad, cada vez que necesitábamos usar la chapa para destapara una botella.
- Dejar la sala de la casa de mi madrina dos minutos antes que fuera destrozada por la explosión de un coche bomba cercano.
- Alertar a un amigo en la autopista que había una piedra a la derecha… sólo para que entienda “¡Quiebra a la derecha!”.
- Subir a dos choros de Tacora al asiento de atrás del auto para que nos lleven a una zona donde desmantelaban autos.
- Ser perseguido por un grupo de chicos del año superior de mi colegio por un incidente con Paralizer en un colegio amigo, por el que les echaron la culpa a ellos.
- Descubrir, de la manera dificil, que un auto blindado puede tumbar un poste en Barranco.
- Estar a punto de atropellar por accidente a Pedro Pablo Kuczynski.
- Bajar de una mina por la noche en una camioneta sin luces y con un chofer que había hecho la ruta a Lima tres veces seguidas ese día.
- Perder de vista el rompemuelles gigante que había frente a la tienda Arquetipo, en la auxiliar de la Panamericana Sur con Benavides, logrando volar por los aires tipo Los Magníficos hasta aterrizar en la cochera de una casa.
- Ser confundido por un paciente de paro cardiaco cuando sólo tenía un estiramiento de los músculos del brazo.
- Hacer “caballito” en una lancha deportiva con demasiada potencia para el peso.
- Empalmar el cumpleaños de una de mis mejores amigas, seis días en Cancún, el matrimonio de otra muy buena amiga, cinco días de evento en Phoenix y un segundo cumpleaños… todo sin descansar…
- Ser amenazado por el miembro de una familia ligada al crimen organizado para que lo deje copiar en un examen.
Y esas son sólo las que pude recordar en ese momento, de hecho hoy ya se me vienen otras a la mente… Y estoy también dejando fuera algunas que no se pueden comentar públicamente.
Como decía un amigo, un ángel de la guardia es muy monse para lo que nos está pasando, necesitamos un arcángel como mínimo… es más, el mismísimo Gabriel. Yo la verdad no sé si es suerte, un ángel de la guardia o el destino… pero lo que es cierto es que me he salvado de muchas. Sólo espero que sea hereditario también.