Los que llevamos tiempo en esto de las PCs (en mi caso, desde los 80s) estamos mal acostumbrados. Me explico.
Una de las opciones que más está llamando la atención de Windows 7 (y que en su momento también fue la estrella de OS X) son los atajos para mostrar y ocultar las diferentes ventanas abiertas, el escritorio, los widgets, etc. La idea es que cuando tienes todo funcionando a la vez puedes enfocarte en algo y luego soltarlo. Súmamente útil.
Excepto que en mi caso, rara vez tengo varias cosas abiertas a la vez. Es más, incluso tengo desactivada la opción para agrupar ventanas en el Taskbar porque prefiero ver las pocas ventanas del mismo tipo una al lado de la otra para darles click más rápido. No tengo widgets, no tengo sidebar.
¿Por qué? Porque crecí con todos los traumas del manejo de memoria en una época en la que correr tres cosas a la vez era una locura. En la que si te ponías a grabar un CD demoraba dos horas y no podías siquiera mirar feo a la PC o se malograba el proceso. En la que había que tener varios diskettes de booteo: Uno para los juegos que requerían memoria expandida, otros para los de memoria extendida, otro para uso normal. En el que la búsqueda del driver de mouse más pequeño era todo un Quest. En el que configurar los IRQs para que la SoundBlaster funcione era un arte.
Y es por eso que tengo ahora una laptop que no usa normalmente ni el 20% de sus recursos. Y soy maniático de la optimización. Y hasta borro los íconos del desktop y las entradas del registro que no uso a pesar que no está claro que tengan algún efecto en la performance de la máquina. Y por lo tanto no puedo aprovechar las maravillas que ofrecen los nuevos OSs para manejo de varias tareas a la vez.
Valgan verdades, las máquinas de hoy pueden hacer cientos de cosas a la vez, soy un exagerado. Y la verdad, ¿para qué quiere uno tener la última máquina si no es para sacarle el jugo? Ya me iré acostumbrando.